EL CEBO Y EL SEÑUELO
Los animales inteligentes huyen del cebo, lo entienden como tal, perciben la trampa. Pueden no identificarla, no descubrir el método, pero la perciben e "intuyen" el peligro. hablamos de una intuición aprendida, de un instinto creado por el razonamiento. Intuición inteligente o razonada, como prefiramos nombrarlo. El animal inteligente rehuye el cebo. No sirve tal arte para el animal inteligente.
El señuelo, es el instrumento adecuado para cazar animales inteligentes. El señuelo tiene la misma forma, el mismo olor, el mismo sabor, pesa lo mismo y es exactamente la misma materia que el cebo. Tan sólo una cosa diferencia al señuelo del cebo. El cebo se coloca en la trampa para apresar al animal cuando come. El señuelo simplemente parece un cebo, lo que hace desconfiar al animal inteligente y retroceder, pero no esconde trampa alguna. La trampa, en este arte está justo detrás del animal inteligente que se introduce en ella de espaldas sin perder de vista el señuelo, que él cree cebo.

Éste cuento pertenece a la tradición oral de los "Delacotes" y con él introducían a los más jóvenes en el ancestral arte de la caza. En la ilustración vemos a dos adolescentes siguiendo el rastro de alguna presa herida. No hay distinción de sexos a la hora de cazar en la tribu de los "Delacotes", tan sólo serán cazadores los más hábiles y eficaces ya que de la caza depende la supervivencia del clan. La edad de doce años se considera adecuada entre los "Delacotes" para cobrar su primera pieza y ésta es siempre celebrada con gran ceremonial. En un tiempo se les consideró peligrosos por sus hábitos alimenticios, exclusivamente antropófagos, pero hoy se sabe con certeza que la base de su canibalismo reside en la creencia de adquirir inteligencia y conocimiento mediante la ingestión de cerebros pensantes por lo que el "hombre blanco" está totalmente excluido de su dieta.

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