8.1.06

EL FANTASMA DE JUAN FELIZ

Cuentan que Juan Feliz murió en el bar, con la botella de sidra agarrada del pescuezo y la mas absoluta beatitud reflejada en el rostro.
Gritó, "¡Viva la Virgen!", cayó patas arriba, y fue a desnucarse contra un tonel. Juan Feliz expiró. Su alma alcohólica se volatilizó ante las caras coloradas y atónitas de los demás parroquianos que le miraban atentamente y en silencio, el espíritu observó unos segundos la escena desde el techo del bar y se filtró sigilosamente por el entarimado del segundo piso.
Juan Feliz ha muerto. Ahí está, despatarrado, con el cogote encajado en la barrica y sobre él el grotesco epitafio "Sidra el cañu " impreso en la panza del tonel. La cara de felicidad de la borrachera se había trocado, con el golpe, en una absurda mueca. Con los ojos desorbitados y la mandíbula descolgada de la cara se diría que nunca hubo vida en aquel cuerpo. Como si hubiera ido acumulando muertes durante toda su existencia y ahora todas se le manifestasen a la vez. De pronto uno de los parroquianos que ya llevaba un buen rato observando el cuerpo, al ver que no daba muestras de vida, dijo: "morrió". Tambaleándose, se acercó al cuerpo tendido de Juan Feliz y lo agarró fuertemente por los tobillos. "Hay que enterralu", dijo mientras intentaba arrastrar el cadáver.
De acuerdo todos en dar a Juan Feliz cristiana y pronta sepultura, salieron, no sin grandes dificultades y mutuos estorbos, con el cuerpo inerte en volandas, en fúnebre comitiva, dirección al cementerio. Encabezaba el cortejo el amo del bar cargando con pico y pala, le seguían cuatro de los parroquianos portores del difunto, y los dos hijos mayores del alcalde, de anchas espaldas, que venían trayendo la segunda barrica de la noche empujándola por la empinada cuesta del camposanto. Cuando llegaron al rellano decidieron detenerse a descansar y en el descanso acordaron que los hijos del alcalde y un parroquiano fueran a por otra barrica mientras los demás velaban el cadáver y daban, a un tiempo, buena cuenta del resto del contenido de la que allí tenían. La expedición regresó exhausta con el encargo y se encontró con el muerto muerto y los velantes roncando. Despertaron a todos menos al muerto, vaciaron la tercera barrica y prosiguieron a duras penas por la última subida, tropezando los unos contra los otros, cayéndose y levantándose, y sin dejar ya de cantar.
El alba les sorprendió tendidos a las puertas del cementerio. El amo del bar roncaba de nuevo panza arriba y de vez en cuando soltaba unos resoplidos avinagrados. Los hijos del alcalde dormían sentados espalda contra espalda, y los parroquianos yacían esparcidos en derredor de la cuarta barrica. A esas horas, con las primeras luces, entre las primeras nieblas, regresaba el alma trasnochada de Juan Feliz, resacosa, desconcertada, perdida. El espectro volvía difuminado y con la fosforescencia descolorida y apagada por manchurrones después de haber vagado borracho por el limbo. Cada vez que Juan Feliz moría, su alma salía cantando el "Asturias patria querida" por el cosmos, orinando en el más allá, vomitando en la cuarta dimensión y al final como siempre, sin haber encontrado el cielo ni el infierno, retornaba a su cuerpo, desorientado, mustio, mezclado con la niebla y apenas visible, y Juan Feliz resucitaba, según dicen, por no ser enterrado antes del alba.



Juan Feliz llevaba muriéndose en el mismo bar desde tiempos inmemoriales. En la ilustración vemos una de las muertes mas famosas cuando en plena euforia etílica, Juan Feliz, salió del retrete del bar desnudo como su madre le parió y enarbolando tremendísima erección, agarró a la mujer del alcalde y apretándole el trasero arrancó en un patético pasodoble a la voz de "Guapa, guapa, y guapa". Como en cada muerte, Juan Feliz se las arregló para desnucarse contra algo y la esposa del alcalde, atorada de sensaciones, cayó desvanecida sobre él. La mayoría de los parroquianos ya conocían las estrambóticas muertes de Juan Feliz pero esa joven que aparece en primer término, acaba de llegar de la capital y no comprende nada

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Me encanta.
Me recuerda a los relatos de escritores latinos que saben mezclar tan sutilmente fantasia y realidad.
Besos Isabel.

1:50 p. m.  

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