SAPOS Y CULEBRAS
La pobre brujita venía cabizbaja arrastrando su escoba, no comprendía nada. "¿Cómo podía ser aquello?", se preguntaba la brujita. Contradecía todas las leyes de la naturaleza y las cuestiones más primordiales del esoterismo y no había visto ella, en los siglos que llevaba ejerciendo, cosa tal. "¿Será que me ha abandonado la magia?, ¿habré hecho algo mal y la naturaleza me ha apartado de su sabiduría por ello?", la anciana bruja no hallaba respuesta, ni siquiera racional, para aquel extraño suceso. Ni a maldecir en condiciones acertaba de pura confusión, "sapos y culebras", iba refunfuñando, "sapos y culebras".
"Corté las uñas de un difunto antes de su inhumación", repasaba la brujita, "y las escondí en un saquito de piel de rata detrás de la pila del agua bendita, me consta que todavía está allí y eso debe apartar del cura toda luz de sospecha. Preparé el bebedizo con Láudano para hacerle hervir la sangre y le agregué la justa porción de Estramonio para que sienta su cuerpo flotar ingrávido. Una pizca de Belladona y ralladura de Amanita Muscaria completan la pócima que prepara sus sentidos para el hechizo, ya debe estar sintiendo los efectos. Durante la luna nueva invoqué a Susón, que es el único demonio que habita las iglesias, y con una ramita de Saúco dibujé su silueta en la tierra. Recogí la tierra del interior del dibujo dentro del cráneo de una virgen y la esparcí alrededor de la iglesia como aconseja el libro de la Oscura Sapiencia que debe hacerse para que la noche nos sea propicia . Preparé el ungüento volador con aceite de almizcle y centeno molido con su cornezuelo y todo y lo extendí a lo largo de mi querida escoba...". Estando en estos pensamientos, no reparaba la brujita en la inusual algarabía del bosque. Un grupo de jóvenes, chicos y chicas, estaban recostados en el prado charlando a la luz de la luna y riendo despreocupadamente. No se percató tampoco de los tres chicos que la miraban sonrientes y con los ojos como platos desde la rama de un castaño, ni de la muchacha que intentaba una y otra vez trepar por el tronco de un Humero y que se echaba a reír cada vez que se iba al suelo. La brujita seguía sin comprender por qué el sencillo ingrediente, que la convertiría en la exuberante y voluptuosa bruja de purpúreos cabellos que debía seducir al cura y conducirle a los infiernos, no aparecía por ninguna parte. "El pequeño psilocybe crece a millares en las claras noches de otoño", protestaba la bruja, "todo el mundo lo sabe, ¿cómo puede ser que no se encuentre uno en todo el valle?". la brujita no reparó en que el pequeño psilocybe tiene, además de otras muchas propiedades, efectos alucinógenos y eso también lo sabe todo el mundo, y lo aprecia. "Sapos y culebras", refunfuñaba la brujita, "sapos y culebras".
"Corté las uñas de un difunto antes de su inhumación", repasaba la brujita, "y las escondí en un saquito de piel de rata detrás de la pila del agua bendita, me consta que todavía está allí y eso debe apartar del cura toda luz de sospecha. Preparé el bebedizo con Láudano para hacerle hervir la sangre y le agregué la justa porción de Estramonio para que sienta su cuerpo flotar ingrávido. Una pizca de Belladona y ralladura de Amanita Muscaria completan la pócima que prepara sus sentidos para el hechizo, ya debe estar sintiendo los efectos. Durante la luna nueva invoqué a Susón, que es el único demonio que habita las iglesias, y con una ramita de Saúco dibujé su silueta en la tierra. Recogí la tierra del interior del dibujo dentro del cráneo de una virgen y la esparcí alrededor de la iglesia como aconseja el libro de la Oscura Sapiencia que debe hacerse para que la noche nos sea propicia . Preparé el ungüento volador con aceite de almizcle y centeno molido con su cornezuelo y todo y lo extendí a lo largo de mi querida escoba...". Estando en estos pensamientos, no reparaba la brujita en la inusual algarabía del bosque. Un grupo de jóvenes, chicos y chicas, estaban recostados en el prado charlando a la luz de la luna y riendo despreocupadamente. No se percató tampoco de los tres chicos que la miraban sonrientes y con los ojos como platos desde la rama de un castaño, ni de la muchacha que intentaba una y otra vez trepar por el tronco de un Humero y que se echaba a reír cada vez que se iba al suelo. La brujita seguía sin comprender por qué el sencillo ingrediente, que la convertiría en la exuberante y voluptuosa bruja de purpúreos cabellos que debía seducir al cura y conducirle a los infiernos, no aparecía por ninguna parte. "El pequeño psilocybe crece a millares en las claras noches de otoño", protestaba la bruja, "todo el mundo lo sabe, ¿cómo puede ser que no se encuentre uno en todo el valle?". la brujita no reparó en que el pequeño psilocybe tiene, además de otras muchas propiedades, efectos alucinógenos y eso también lo sabe todo el mundo, y lo aprecia. "Sapos y culebras", refunfuñaba la brujita, "sapos y culebras".

Aquí vemos al cura con los sentidos embriagados por la pócima. El bebedizo surtió el efecto esperado. El cura ardió en deseos puramente sexuales. Las drogas suministradas por la brujita le produjeron extrañas pero fascinantes alucinaciones donde una pelirroja le amaba carnalmente (cosa que el cura deseaba desde hacía tiempo). Por supuesto la brujita no asistió a la orgía por lo que ya sabéis, si habéis leído el cuento, pero el cura tomó por pelirroja a Susón y él mismo se condenó. Ahí va, mirad cómo baila, caminando feliz hacia los infiernos.

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