8.1.06

UN LIBRO Y UN BONOTRÉN

Un bono-tren es un excelente marca libros. Además, a excepción de esos escasos días en los que la luz del sol ilumina lo cotidiano de una manera tan puntual y concreta que hace que los sentimientos de las cosas exploten y vengan a estrellarse contra los cristales a nuestro paso, convirtiendo la ventanilla del tren en un cuadro escénico único e irrepetible, en una pantalla cinematográfica donde tú eres el guionista y el montador de esas imágenes que desfilan ante ti a ochenta kilómetros por hora y que desaparecen tras el perfil de tu compañero ocasional de viaje; salvo esos días, digo, nada mejor que mirar hacia un libro y leer. Sustituir las imágenes de la ventanilla por las que pronto encharcarán las páginas, o se dejarán ver por entre los caracteres. Perfectamente nítidas. O diluidas en la oscuridad. O en penumbra. Como tú quieras y desde el ángulo que decidas. Y pensar las ideas de otros. Y morir. Y nacer en Argel o ser un caballo. Todo eso sucede mirando hacia un libro.
Por otro lado, un bono-tren lleva una delicada banda magnética que no debe arrugarse, y nada mejor que un libro para protegerla.



Esto no es más que otro de los espectaculares efectos de la lectura, ciertas cosas que aparecen en los libros se instalan en tu vida para siempre. En esta habitación se estaba leyendo “Capitanes Intrépidos” pero interrumpieron la lectura y se llevaron el libro, quizás para leer en el viaje.